El templo de millones de años de Amenofis III

Hoy quería hablaros de uno de los templos más desconocidos del Antiguo Egipto, aunque en su día fue uno de los más grandes. Seguro que todos vosotros conocéis este templo gracias la pareja de estatuas más famosa de Egipto, los colosos de Memnón. Con ellos me estoy refiriendo al templo funerario de Amenofis III  que en árabe se conoce como Kawm el-Haitan “La colina de los muros”.

Todo el mundo conoce a estos colosos, pero ¿están ahí en mitad de la nada? ¿qué representan? Vamos a ver un poco más sobre lo que realmente custodiaban estos colosos.

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Colosos de Memnón

CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO

Los colosos de Memnón custodian uno de los templos más grandes de todo Egipto, pero que por desgracia es el que peor se nos ha conservado.

Se encuentra situado en la orilla oriental del Nilo, en una zona de continuas crecidas del río, por cuya acción el templo está muy deteriorado, pues los muros de adobe y de arenisca no soportaron tantas inundaciones. Si a esto añadimos un terremoto ocurrido durante el reinado de Merenptah (XIX Dinastía), tendremos una cantera de piedras y estatuas dispersas.

Pero, ¿por qué los egipcios construyeron tan cerca del Nilo, sabiendo la acción tan erosiva de sus aguas? Pues tuvieron un porqué, no os creáis que fue un error.

Si nos adentramos un poco en el pensamiento egipcio, comprenderemos que para un pueblo tan religioso, el templo era el lugar más sagrado y que debía representar esa religiosidad. Añadiendo un medio ambiente pantanoso, se proporcionaba un entorno en donde se vería inmediatamente el surgimiento de las aguas de una colina primigenia, representada por el templo, como en el comienzo del mundo y la primera aparición de los dioses. El simbolismo dictó este y muchos aspectos arquitectónicos (que dejo para otra entrada mucho más larga) relacionados con la religión y su cosmos.

Sin embargo, los egipcios no pensaron en nosotros y el templo, tras quedar abandonado, quedó muy deteriorado. Con el tiempo llegó a cubrirse de un denso bosquecillo, cuya única parte visible fueron los dos colosos que lo presidían: los colosos de Memnón, de los que luego hablaré más detenidamente.

Para su construcción debemos retrotraernos a la XVIII Dinastía, época de esplendor del Reino Nuevo (1390-1350 a. C.) y con Egipto consolidado como una de las mayores potencias de la zona. Su constructor va a ser el faraón Amenofis III (o Amenhotep III), quien subió al trono siendo un niño (se calcula que tendría entre 2 y 12 años); tuvo un reinado que duró unos 38 años y que fue un periodo de paz y prosperidad, se dedicó a construir por todo Egipto y parece que toda la población gozó de cierta riqueza.

Para llevar a cabo esta construcción se apoyó en el arquitecto real: Amenhotep hijo de Hapu, quien siendo un simple escriba (que ya era bastante en aquella época) llegó a convertirse en una de las personalidades más influyentes de este periodo.

EL TEMPLO

Su constructor fue el faraón Amenofis III (o Amenhotep III) para su propio culto funerario, de ahí el nombre actual que recibe de “templo funerario/conmemorativo”, ya que no estaba consagrado a los dioses como podría pensarse. El nombre original del templo es el de Hwt n HH rnpwt o lo que es lo mismo “Templo de millones de años”, ya que se trataba justamente de eso, de un templo que conociera la eternidad (aunque por desgracia no ha durado mucho).

Este tipo de templos, en contraste con los templos de culto a las divinidades, representaban un papel más que relevante en las ceremonias funerarias, e implicaban prácticas de la realeza y mortuorias. Además, también contenían capillas para los dioses y su papel en la economía del estado era muy importante.

Los colosos que todos conocemos pertenecen a este templo y se encontraban ante el primer pilono del templo, custodiando la entrada al mismo. En el segundo pilono había otros dos colosos, esta vez de cuarcita, y dos más, de alabastro, en el tercero.

Desde este tercer pilono surgía una avenida de esfinges en dirección oeste, hacia un amplio patio solar lleno de más estatuas del rey osiriacas de unos 8 metros de altura, realizadas en cuarcita y en granito rojo.

En total, el templo medía 700 m de largo por 550 de ancho, y ocupaba un área de 385.000 m2. El eje central se extiende a lo largo de casi 1 km, desde el primer pilono hasta el muro trasero. Imaginaros la grandeza de este templo.

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Plano del templo funerario

Si ya lo decía el propio Amenofis:

(Lo) hizo como monumento a su padre Amón, señor del trono de las Dos Tierras, haciéndole un espléndido templo a la derecha de Tebas, una fortaleza para la eternidad de buena arenisca blanca.

Los turistas siempre se detienen delante de los colosos, pero yo os animo a que vayáis más allá, pues el resto del templo (lo que queda de él) merece la pena visitarlo.Gracias a los trabajos de conservación de Hourig Sourouzian de la Universidad de El Cairo, se han sacado a la luz fragmentos de muchísimas estatuas de divinidades y del propio Amenofis III.

Destacan los numerosos restos de la diosa Sekhmet, los colosos de los demás pilonos que se cayeron al suelo en la misma antigüedad y la esfinge de cuerpo de cocodrilo que todavía se halla en el yacimiento (si queréis ver más fotografías sobre los trabajos de restauración, pasaros por aquí).

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Esfinge con cuerpo de cocodrilo

El propio rey estaba orgulloso de su templo, decía:

(El templo) se amplía con estatuas reales de granito, de cuarcita y de piedras valiosas, talladas para durar por siempre. Son más altas que los cielos, sus rayos dan en la cara de los hombres como el sol naciente.

  • Los colosos

Las estatuas colosales que se conservan en la actualidad, fueron talladas en ortocuarcita, una de las piedras más duras traída por barco desde las canteras de Heliópolis, unos 700 km al Norte.

El coloso norte (derecha) representa a Amenofis III sentado en un trono en donde aparecen tallados los dioses del Nilo realizando el Sema-Tawy, es decir, atando el loto y el papiro, los símbolos heráldicos del Alto y Bajo Egipto (están representando la unión de las Dos Tierras). Junto al rey, pero a pequeña escala, se encuentra su madre, Mutemuia.

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Sema-Tawy

En el coloso sur (izquierda) está con su esposa, la reina Tiy y una hija de la que desconocemos el nombre.

Pero fue el coloso norte el popular y el que dio nombre a la pareja de estatuas. Los viajeros griegos y romanos que viajaban por Egipto escuchaban por las mañanas un silbido que afirmaban que eran los lloros de Memnón, un guerrero muerto por Aquiles en la Guerra de Troya, a Eos, su madre, diosa del amanecer. Esto ocurría a causa de un terremoto en el año 27 a. C. que resquebrajó la estatua y cuando el sol se alzaba (justo al amanecer) la temperatura y la humedad cambiaban y producían esos sonidos.

Durante 200 años la estatua, llamada Memnón lloró a su madre, hasta que llegó Septimio Severo en el 199 d. C. y rellenó las grietas del coloso para mejorar su apariencia. Su cantó cesó.

BIBLIOGRAFÍA:

Escucha recomendada: El Café de la LLuvia 

-O´Connor, D. y Cline, E. H., (2001): Amenhotep III: perspectives on his reign, Michigan.

-Weeks, (2002): El valle de los Reyes: las tumbas y los templos funerarios de Tebas, Barcelona

-Wilkinson, R. H. (2002): Los templos del Antiguo Egipto,  Barcelona

 

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Escrito por

Licenciada en Historia, especialista en el Antiguo Egipto. Me apasiona el Reino Antiguo, su sociedad y su religión.

2 comentarios sobre “El templo de millones de años de Amenofis III

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