Obeliscos: rayos de sol egipcios que terminaron iluminando Roma (parte II)

La entrada que os traigo esta vez es una colaboración entre Papiros Perdidos y Arqueología en mi Jardín. Desde los dos espacios esperamos que disfrutéis mucho de su lectura. No olvidéis visitar el blog Arqueología en mi Jardín para poder continuar la lectura (parte I).

LOS OBELISCOS EN ROMA

Por M. Engracia Muñoz

Roma era una gran amante de las culturas exógenas.  Su gran pasión era Grecia, a la que consideraba una población extra-romana porque no era de civilización auténticamente itálica, pero a la que quiso asimilarse constantemente, adoptando su religión, arte, cultura e incluso quiso tener sangre griega y para ello se hicieron descender de Eneas, que luchó contra los atenienses defendiendo Troya.

Pero esta pasión por Grecia no era realmente una invención romana, estos la heredaron de sus vecinos los etruscos.  Los etruscos eran una civilización pre-romana situados al norte del Tíber y al sur del Arno.  Al sur de Tíber estaban los latinos.  De la unión de ambos surgieron los romanos.

La cultura etrusca tenía importantes características orientalizantes que adquirió por contacto con comerciantes que llegaban a su tierra por mar.   Probablemente también tuvo, por lo tanto, relaciones con Egipto.  Incuso algunos autores han creído encontrar ciertas analogías entre las religiones de ambas civilizaciones, ciertamente no sería difícil que llegasen, aunque fuera de forma indirecta, algo de la influencia de la cultura egipcia a través de otros comerciantes y de los mismos griegos, a los que tanto admiraban. Recordemos que Herótodo o Platón pasaron parte de su vida en tierra egipcia, o que antes que ellos lugares como Micenas o Creta tenían relaciones fluidas con el país del Nilo.

La civilización romana no perdió este amor por Egipto.  El país del Nilo se convirtió en una fuente muy importante de alimento, sobre todo de trigo, con el que se daba de comer al pueblo romano, no en vano se denominaba el granero de Roma.  Esta relación entre ambos comenzó ya durante el reinado de la dinastía Ptolemaica y en el año 30 a.C., durante el gobierno de Augusto, Egipto se había convertido definitivamente en provincia romana.

La fascinación romana por Egipto se tradujo en muchas y variadas expresiones, desde las pinturas de Pompeya con temática nilótica hasta la propia arena del circo que era también egipcia, además de una importante corriente religiosa basada en el culto a Isis romanizada.   Un ejemplo paradigmático es la tumba de Cestia, con forma de pirámide, construida en el 12 a.C. para Cayo Cestio Epulón.

La fascinación por Egipto llegó a ser tal, que incluso los grandes emperadores quisieron tener parte de esta tierra mágica cerca de su adorada Roma.  Para ello transportaron multitud de piezas hasta la capital del imperio y entre estas algunos de los obeliscos que se incluyeron en el edificio que más amaban los romanos: el circo.

EL CIRCO ROMANO

El circo era el lugar donde se celebraban espectáculos a los que acudía prácticamente toda la población de la ciudad.  En este lugar se llevaban a cabo luchas de gladiadores, cazas de animales, ejecuciones de presos, pero lo que de verdad levantaba una gran pasión eran las carreras de caballos.

Estas podían ser de caballos montados o de carros, que podían ser a su vez de varios tipos: bigas (dos caballos), trigas (tres caballos) o, las más famosas de todas, las cuadrigas, que eran carros tirados por cuatro caballos.

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Terracota. Medallón con la representación de un ganador de carrera de cuadrigas. Siglo II-III d.C. (Lyon)

El circo era un espacio en forma de anillo alargado, con dos lados rectos (los más largos), un extremo terminaba en un lado corto semicircular y el otro extremo, en otro ligeramente curvo.  Sus partes fundamentales eran la arena, las cárceles (desde donde salían los carreristas) y la cávea, que eran donde se sentaban los espectadores.  En el centro de la arena, dividiéndola en dos, pero sin llegar a los extremos, estaba la espina, que se decoraba con columnas, estatuas y donde se situaban los contadores de vueltas, a la vista de todos.  En sus dos extremos estaban las metas. Era en esta espina donde se colocaban los obeliscos, como parte de la decoración.

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Grabado representando el circo de Nerón obra de Pietro Santi Bartoli de 1699.

LOS OBELISCOS DE ROMA

En Roma se conservan actualmente trece obeliscos erigidos por los antiguos romanos.  De ellos, ocho son genuinamente egipcios: el Lateranense, el del Vaticano, el Flaminio, el Solare, el Macueto, el Minerveo, el Dogali y el Matteiano.  El resto fueron realizados por los propios romanos en el mismo país del Nilo, pero copiando modelos de los templos egipcios.

Aunque se piensa que todos ellos adornaban las espinas de los circos no es cierto, la mayoría de ellos se situaron en las cercanías del templo de Isis en Roma o sirvieron como gnomon a relojes solares.  Solo dos de los ocho egipcios formaron parte de este edificio de espectáculos y uno de los trabajados por los romanos.

EL OBELISCO DE TUTMOSIS III (EGIPTO) o LATERANENSE (ROMA)

El obelisco que aquí nos ocupa se encuentra en la actualidad en la Plaza de San Juan de Letrán.  Está considerado el más alto con sus 32,18 m de altura, a los que hay que añadir el podio, así que su altura total es de 45,70 m.  El culpable de que hoy se pueda admirar en este lugar y no en Egipto es Constancio II, que lo trasladó en el 357 d. C. para decorar la espina del Circo Máximo.

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Obelisco de Tutmosis III en su actual ubicación.

La intención real de Constancio era la de hacer llegar a este, junto con otro más, a Constantinopla, pero nunca llegaron a su destino final, terminando en Roma.

El transporte se realizaba por agua en gran parte, es decir, que por el Nilo llegaban hasta Alejandría, desde allí hasta Ostia por mar y finalmente por el Tíber hasta la ciudad de Roma donde eran desembarcados y remolcados por tierra hasta el lugar elegido donde se re-erigirían.

Plinio el Viejo nos cuenta cómo fue el traslado del obelisco que formaría parte de la espina del circo Vaticano.  En el mismo barco fueron transportadas otras tantas maravillas:

La nave que, por orden del emperador Gayo, trajo de Egipto el obelisco erigido en el circo del Vaticano y cuatro bloques de la misma piedra para sostenerlo. Es seguro que no se ha visto en el mar nada más admirable que esta nave. Ciento veinte mil modios de lentejas le sirvieron de lastre. Su longitud llego a ocupar en gran parte el lado izquierdo del puerto de Ostia. De hecho, allí fue hundida, bajo el emperador Claudio, con tres muelles, tan altos como torres, que habían sido construidos por completo en la nave”(HN XVI, 201)

Fresco de Antonino Dante en la Galería de mapas Vaticana (1580-1583) imaginó así el transporte del obelisco de Calígula.
Fresco de Antonino Dante en la Galería de mapas Vaticana (1580-1583) imaginó así el transporte del obelisco de Calígula.

 

Nueva erección del obelisco del Vaticano en 1586.
Nueva erección del obelisco del Vaticano en 1586.

 

Con la caída del Imperio Romano, el obelisco quedó olvidado.  En 1587 fue trasladado desde el antiguo Circo Máximo hasta su actual ubicación y el responsable de tal hazaña fue el Papa Sixto V.  Ya no se conservaba de una sola pieza, se había partido en tres.  Fue restaurado y re-erigido en su nuevo emplazamiento, que hasta entonces ocupaba la estatua ecuestre de Marco Aurelio, que fue trasladada hasta la plaza del Capitolio diseñada por Miguel Ángel. Actualmente, la estatua del emperador puede verse en los museos Capitolinos y en su lugar se conserva una reproducción.  El obelisco sigue ocupando el centro de la plaza de San Juan de Letrán.

Para leer la primera parte del artículo, visitad Arqueología en mi Jardín

BIBLIOGRAFÍA:

  • BARGUET, P., (1950) “L’Obélisque de Saint-Jean-de-Latran dans le temple de Ramsès II à Karnak”, ASAE 50, pp: 269-280.
  • BREASTED, J. H., (1901): “The obelisks of Thutmose III”, Zeitschrift für Ägyptische Sprache und Altertumskunde 39, pp:  56-57.
  • COULSTON, J. y DOGE, H.  ed.  (2000) “Ancient Rome: The Archaeology of the Eternal City”, Oxford University School of Archaeology, Monograph 54.
  • DIBNER, B. (1991) “Moving the obelisks;a chapter in Engineering history in Which the Vatican Obelisk in Rome in 1586 was moved by Muscle Power, and a Study of More Recent Similar Moves”, Norwalk Connecticut: Burndy Library.
  • FUTRELL, A. (2006) “The roman games.  A Sourcebook”, Blackwell Publishing.
  • JULIUS, E., (2014) Obelisks in Late Antiquity: Roman or EgyptianThe symbolic and functional meaning of Egyptian obelisks in the Roman world in the 3rd and 4th centuries AD, Master Thesis, Leiden University.
  • MANGADO, M. L., (19939 “Los obeliscos egipcios en Roma”, en Revista de Arqueología 141, pp: 18-29.
  • SÁNCHEZ, J. R. A., (2007) “«Oboliscum in circo positum est »: Monumentos tebanos en Roma y Constantinopla (s. IV). Memoria, expolio y religion” en Archivo Español de Arqueología vol. 80, pp: 285-308.

 

 

 

 

 

 

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Escrito por

Licenciada en Historia, especialista en el Antiguo Egipto. Me apasiona el Reino Antiguo, su sociedad y su religión.

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