Ser niño en el Antiguo Egipto (I)

Los niños estaban muy presentes en la vida de los antiguos egipcios, y son una constante en las imágenes que nos han legado. Su presencia no es de extrañar, puesto que la elevada tasa de natalidad de la época, necesaria para poder vencer el tremendo porcentaje de muertes infantiles existentes por aquel entonces, hacía de ellos un elemento constante en el valle del Nilo. Además, su función no sólo era biológica, sino también ideológica, pues eran los encargados de perpetuar la memoria de sus padres, de cuidar sus tumbas y sus ofrendas una vez hayan viajado al Más Allá, de ahí el deseo tan urgente de una descendencia pronta y segura.

Por desgracia los testimonios que nos han llegado a la actualidad sobre la infancia en el Antiguo Egipto son muy escasos. Por ejemplo, de documentación escrita tenemos muy poco, ya que parece ser que los egipcios no estaban muy orgullosos de su infancia. Aunque por suerte sí contamos con un buen número de representaciones en donde tenemos a nuestros pequeños protagonistas, y gracias a ellas podemos establecer unos rasgos propios, haciendo de la infancia una identidad propia.

EL NACIMIENTO

El nacimiento es uno de los momentos más peligrosos de la vida de todo ser, y más si estamos hablando de sociedades antiguas como la egipcia, tanto para la madre como para el niño, de ahí la multitud de elementos mágicos y amuletos empleados en estas circunstancias y que luego veremos.

Jeroglífico de nacimiento en el templo de Dendera
Jeroglífico de nacimiento en el templo de Dendera

El proceso como tal del nacimiento no nos ha quedado constatado de ninguna manera, y solo unas escasas evidencias arqueológicas, etnográficas y escritas nos ayudan para conocer un poco más sobre este acontecimiento tan importante. Una de estas primeras referencias la encontramos en el papiro Westcar, (papiro de Berlín 3033), en el relato del nacimiento de los tres hijos de Ruddyedet, los herederos al trono real. Ante este nacimiento Re envía a los dioses Isis, Neftis, Mesejenet, Heqet y Jnum a asistir al parto, y esto es lo que pasa:

Tras esto los dioses se fueron y tomaron la forma de músicos. Jnum estaba con ellas con un fardo. Y llegaron a la casa de Userra, a quien encontraron de pie, con la ropa revuelta. Entonces ellos le ofrecieron sus menats y sistros. Entonces él les dijo “Señoras mías, mirad, hay una mujer que tiene dolores, su parto es difícil”. Entonces ellos le dijeron “Permite que la veamos, mira, nosotras sabemos cómo asistir a un parto”. Entonces él las dijo “Id”. Tras esto ellas entraron en presencia de Ruddyedet y se cerraron en la habitación con ella. Entonces Isis se puso delante de ella, Neftis tras ella, mientras Heqet aceleraba el parto. Entonces dijo Isis “No seas poderoso en su vientre, en tanto que tu nombre de Userkaf”. Y entonces el niño se precipitó sobre sus manos como un niño de un codo, sus huesos eran firmes, la constitución de sus miembros de oro, su tocado de lapislázuli auténtico. Entonces ellas lo lavaron una vez cortado su cordón umbilical y fue puesto sobre un lecho de adobes.

Gracias a este texto conocemos la utilización de los llamados ladrillos “mágicos”, que es ese lecho de adobes que se comenta al final del texto. Tenemos dos posibles usos para estos adobes: el primero serviría de apoyo a la madre para dar a luz, pues según se deduce de las escasas representaciones, la parturienta recibía el hijo en postura genuflexa, apoyándose sobre estos ladrillos del parto, de esta manera se convertían en un punto de apoyo sobre el que afianzar el esfuerzo de la prensa abdominal en el momento álgido de la expulsión (un antecedente de la silla obstétrica); el segundo uso sería como el lugar donde el recién nacido sería depositado a modo de cuna, como dice el texto del Papiro Westcar. Dichos ladrillos representaban a la misma diosa Mesejenet, protectora del parto, cuyo nombre en egipcio es “el lugar donde uno se postra”.

Ladrillo mágico de Abydos (Wegner 2009:451)
Ladrillo mágico de Abydos (Wegner 2009:451)

Por otro lado, respecto al lugar físico donde tuviera lugar el nacimiento es más desconocido, ya que carecemos de evidencias salvo para el caso del poblado de Deir el-Medina del Reino Nuevo, en donde unas estancias se denominan “pabellón del nacimiento”, una especie de refugio cubierto y rodeado de plantas.

En lo que respecta a la protección de los niños hay que destacar la complejidad de las creencias. Existen textos de protección mediante los que se procuraba la defensa de los más pequeños ante los peligros a los que se veían expuestos. Uno de estos elementos mágicos son las varitas apotropaicas, datadas en el Reino Medio y Segundo Periodo Intermedio. En dichos objetos podemos ver dos de los dioses protectores de la infancia: Bes y Taweret.

Estas varitas realizadas normalmente de marfil de hipopótamo, son decoradas con varias divinidades o animales supernaturales, e incluye animales como leones, panteras, gatos, babuinos, tortugas, serpientes…Se cree que dichas varitas apotropaicas eran utilizadas en rituales, marcando un círculo en el suelo rodeando a la mujer del parto, además de situarlos sobre la propia embarazada a la vez que se recitaban encantamientos para proteger el acontecimiento.

Varita apotropaica del Reino Medio (EA18175)
Varita apotropaica del Reino Medio (EA18175)

ALIMENTACIÓN Y VESTIDO DEL NIÑO

Tras el nacimiento, el recién nacido era atendido por su madre quien le daba el pecho durante un periodo bastante prolongado, o por lo menos eso nos cuentan las fuentes escritas, como en las Instrucciones de Ani, en donde se dice:

Luego que te dio a luz tras tus meses, ha ofrecido su pecho a tu boca durante tres años

La lactancia materna era el método de manutención infantil más frecuente, el único posible en realidad, y por supuesto el más idóneo. Aunque la estimación exacta del tiempo de duración de la lactancia fue siempre incierta y cambiante, parece haberse mantenido hasta el periodo ptolemaico de manera similar. Hay constancia de que la madre y el lactante permanecían unidos durante la mayor parte de la jornada, siendo lógico por tanto que el niño solicitara el pecho cuando las demandas del apetito le pedían satisfacerlo.

Nos han llegado numerosas estatuillas en donde podemos ver el acto natural del amamantamiento, que es algo de lo cual las egipcias no se avergonzaban, aunque en ocasiones utilizaban nodrizas, sobre todo para mujeres de más alto estatus social.

Respecto a la vestimenta del niño es importante destacar que para los niños, uno de los rasgos identitarios en la iconografía es su desnudez, algo de lo cual no se avergonzaban los egipcios. Aunque, por otro lado, si tenemos constancia de ropa para niños, gracias a los hallazgos arqueológicos y a las listas de la lavandería, con algunas prendas que se pueden asimilar a los pañales actuales.

Es interesante apuntar que una de las prendas de ropa más antigua conservada procede de Egipto, y perteneció a un niño. Se trata de una pequeña túnica o vestido de lino hallado en la mastaba 2050 de Tarkhan en el Fayum, y que actualmente se conserva en el Petrie Museum. Pertenece al reinado del rey Djet, en la I Dinastía, aproximadamente en el 2800 a. C., y desde que fue hallada por Petrie, en 1912 tuvieron que pasar casi 80 años para que se reconociera su importante valor. La medida de dicha pieza, sobre todo de las mangas, nos informan de que sería para un niño de unos 10 años y que fue llevada en vida.

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Túnica de la mastaba 2050 de Tarkhan (El Fayum)

No es el único ejemplo de vestimenta infantil conservado, pues también tenemos un fragmento de un vestido de la tumba de una niña llamada Niuty, en Saqqara, de la XI Dinastía; o un par de mangas conservadas en el Petrie Museum pertenecientes a la tumba 25 de Gurob, y que aunque no presentan marcas de haber sido utilizadas en vida, se descarta como equipamiento funerario.

Y en cuanto se refiere al peinado infantil, el más común tanto para chicos como para chicas es la trenza lateral a la derecha de la cabeza rapada. Es un peinado típico de todo el periodo histórico del Antiguo Egipto, aunque es muy común durante el Reino Antiguo, volviéndose más complejo con el paso de las dinastías.

¿CÓMO SE REPRESENTABAN A LOS NIÑOS?

Muchas de las representaciones que nos han llegado de niños egipcios es siendo portados por sus madres en pequeñas cestas sobre el pecho o la espalda, o apoyados en el brazo y la cadera, prácticamente igual que en la actualidad. También nos los solemos encontrar siendo amamantados por su madre.

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Tumba de Menna (XVIII Dinastía)

Cuando nos encontramos con una figura que parece ser un niño, debemos tener en cuenta que las características físicas que presentan no son realistas, los criterios que tenemos para su identificación no son fijos, variando con el tiempo, y tampoco se utilizaron todos con la misma frecuencia en la pintura que en la escultura.

Aun así, a grandes rasgos tenemos las siguientes características:

  1. La trenza de la juventud: se trata de una trenza al lado derecho de su cabeza afeitada como ya he comentado un poco más arriba, al igual que la lleva el joven dios Horus. En el caso de tratarse de niñas podía ser una coleta en vez de una trenza. A veces incluso se trataba de un simple mechón de pelo, que frecuentemente terminaba en una punta enrollada hacia arriba. En dicho peinado vemos una evolución y un cambio, pero por regla general se sigue manteniendo la misma línea.
  2. Menor tamaño: aparecen representados siempre de menor tamaño que los adultos, aunque con sus mismos cánones; no siguen una representación real de los niños. Este es un criterio poco riguroso y con el que hay que tener mucho cuidado ya que el arte egipcio desarrolló la posibilidad de expresar la diferencia de categoría social de las personas recurriendo al tamaño. A veces resulta tremendamente difícil reconocer a un niño con solo este criterio.
  3. Su desnudez: los niños, como tales, serían bastante descuidados respecto a su ropa; si añadimos el clima propio de Egipto entenderemos que fueran desnudos, aunque, como hemos visto, tenemos constancia de ropa para niños. Según Szpakowska la ropa y los pañales pueden ser opcionales durante el día en climas calurosos como es el caso de Egipto e incluso la práctica de dejar a los niños desnudos durante el día se mantiene actualmente en algunas áreas de África, Asia y en Meso y Sudamérica. La desnudez en el Antiguo Egipto era visto como algo normal y natural, para las niñas sería algo corriente hasta llegar a la pubertad y para los niños mucho más común.

Pero no hay que olvidar que en Egipto la vestimenta no era solo la ropa, sino el estatus que ésta implicaba, representando asimismo un status social determinado (por ejemplo, durante el Reino Antiguo a los enemigos se les representaba desnudos) sobre todo si tratamos con sirvientes, esclavos y bailarinas. Tenemos que tener cuidado también con las convenciones artísticas.

Otro criterio a seguir son sus posturas que combinando con los criterios físicos anteriores suelen dar un resultado positivo a la hora de identificar a un niño.

La más común es el niño agachado y abrazado a las piernas de su padre, llevándose el dedo índice a la boca. También suelen encontrarse en los brazos de un adulto, que no solo es habitual en terminología parental, sino que también tiene su simbología, identificando al adulto como protector y al niño como el protegido. En ocasiones vemos al niño envuelto en un paño, lo cual nos indica que nos encontramos ante un niño muy pequeño, demasiado como para que se sostenga en pie. Otras veces aparecen agachados (más en la escultura que en la pintura), en cuclillas o incluso sentados en el suelo.

Además, nunca van a aparecer aislados, estando siempre subordinados a algún adulto, siendo protegidos por ellos; no encabezan grupos ni se salen de una composición. Tampoco serán los protagonistas de una escena, ni los personajes principales. En el caso de las tumbas el protagonista es el difunto, y si aparecen representaciones de niños éstas son en escenas de la vida cotidiana y de carácter secundario. Aparte, hemos de tener en cuenta que son de menor tamaño y en una representación siempre tendrá más importancia la figura de mayor tamaño.

Estatuilla de niño del Reino Antiguo (Louvre E:322)
Estatuilla de niño del Reino Antiguo (Louvre E:322)

¿CUÁNDO EL NIÑO DEJA DE SER NIÑO?

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos con la identificación de los niños es ¿hasta qué edad se considera la infancia? Es una respuesta que todavía solo podemos conjeturar gracias a los procesos biológicos. Para la niña sería la primera menstruación, momento en el cual sería consideraba mujer gracias a su capacidad de engendrar. Para los niños tenemos la circuncisión, que existía pero de la cual tenemos muy pocas referencias. La más aclaratoria se encuentra en la mastaba de Ankhmahor, en Saqqara, de la VI Dinastía, en donde tenemos a un chico fuertemente sujetado por una tercera persona, y un sacerdote que actúa como cirujano que, según el relieve, le está realizando una incisión en el prepucio.

Además de estos ritos tenemos una ceremonia llamada Ts-mDH cuya traducción al español es “atar alrededor la cinta”, probablemente en imitación a cuando Isis ata una cinta alrededor de la cabeza de su hijo Horus cuando sale en busca de Seth, encuadrado como rito de paso.

En este rito la trenza lateral de la juventud es cortada, marcando el final de la infancia y el comienzo de la edad adulta, dando entrada al niño, ya adulto, en la sociedad, además de cortar su vinculación con el dominio femenino (en referencia a la figura maternal). No podemos dejar de mencionar, al hablar sobre este rito, de otro que tiene lugar durante el nacimiento, en donde el cordón umbilical es cortado nada más nacer, separando al recién nacido de la madre -manteniendo aún una vinculación con ella- e introduciéndole en el mundo de las personas junto a la aportación de un nombre propio.

BIBLIOGRAFÍA:

  • JANSSEN, R. M., JANSSEN, J. J., (2007). Growing up and getting old in Ancient Egypt, London.
  • MARSHALL, A., (2014). Être un enfant en Égypte ancienne, Monaco.
  • PARRA, J.M., (2015). La vida cotidiana en el Antiguo Egipto, Madrid.
  • SECO, M., (1997). El niño en las pinturas tebanas de la XVIII Dinastía, Sevilla.
  • SZPAKOWSKA, K., (2008). Daily life in Ancient Egypt: recreating Lahun, Oxford.
  • WATSON, P. J., (1987). Costume of Ancient Egypt, New York.
  • WEGNER, J., (2009). “A Decorated birth brick from South Abydos. New Evidence on Childbirth and Birth Magic in the Middle Kingdom”, en SILVERMAN D. P., SIMPSON, W. K., Y WEGNER, J., Archaism and Innovation: Studies in the culture of Middle Kingdom Egypt, New Haven and Philadelphia, pp. 447-496.

 

Artículo publicado originalmente en la revista Egiptología 2.0 

 

Si quieres utilizar este texto perteneciente a Papiros Perdidos, no olvides citar de la siguiente forma:

Velasco Pírez, Aroa. Ser niño en el Antiguo Egipto (I). (9 de octubre de 2016) Papiros Perdidos [Blog] Recuperado de:  https://papirosperdidos.com/2016/10/09/ser-nino-en-el-antiguo-egipto-i/ [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada]

 

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Escrito por

Licenciada en Historia, especialista en el Antiguo Egipto. Me apasiona el Reino Antiguo, su sociedad y su religión.

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